A los alumnos se les supone programados, igual que el libro de texto, igual que el currículo de las leyes Aguirre o Wert. Por eso es tan válida la broma de la pastilla de matemáticas o el chip de lengua. Cuando acaben la Secundaria Obligatoria se les presupondrán las ecuaciones de segundo grado, las subordinadas adjetivas o la Guerra de los Treinta Años. Sabiendo en privado que es mucho suponer.
No estoy en contra de las conferencias. Es un método pedagógico como otro cualquiera. Pero condenar a los alumnos (o consentirles, según se mire) a ser oidores perpetuos, es un atentado a la educación. ¿O no? Depende del programa social que se diseñe. ¿Verdad, señor Wert?
El programa/currículo ha de ser un intermediario entre la sociedad representada por el profesor, el centro y la administración, y los alumnos, qu són los sujetos. Es el que hace saber a los alumnos qué espera la sociedad de ellos. En el currículo la sociedad se alimenta a sí misma en sus alumnos en un proceso llamado educación pública. Y como es tan importante, tanto la sociedad como los alumnos han de ser razonables.
Y la tesis de este post es que a un sujeto "programado" no se le puede pedir "razón". Sólo obediencia. Pensemos en ello, porque si es éso, ya es en sí todo un programa social.
Seguiremos pensando.
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